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Nuestra sociedad y sus daños estructurales.

martes, 9 de marzo de 2010

Desastres naturales ¿Curar o prevenir?

La madrugada del sábado 27 de febrero me encontraba junta a mis amigos y mi polola en el balneario del Quisco disfrutando como muchos chilenos y chilenas el último fin de semana de la temporada de verano del año 2010. En ningún momento se nos pasó por la cabeza que estábamos a punto de ser testigos del segundo terremoto más grande que ha azotado a Chile en toda su historia. Después de horas de viaje, cuando logramos llegar a santiago y comenzamos a ver las primeras casas destruidas el panorama fue realmente desolador, más todavía lo fue cuando vimos en la televisión que el epicentro del sismo había ocurrido en Concepción y quince minutos más tarde se había producido un tsunami en la misma ciudad. Una de las primeras noticias que me llamó la atención fue que el gobierno afirmara que Chile no necesitaba de ayuda internacional ya que el país estaba lo suficientemente preparado para enfrentar una catástrofe de tal magnitud. A decir verdad a medida que fue transcurriendo el tiempo los problemas de telecomunicaciones, conectividad y logística se fueron haciendo tan evidentes como las grietas que el terremoto había dejado en la mayoría de las casas del centro-sur de nuestro país. Al parecer no estábamos tan preparados, y ésta situación se hizo evidente cuando el Ministro de Defensa Francisco Vidal dio a conocer, a través de un comunicado público, que la armada de Chile había dado una información poco clara respecto al tsunami que azotó a la ciudad penquista, lo que impidió dar una certera alerta para que la gente que moraba cerca de la costa tuviera el tiempo suficiente para escapar y salvar sus vidas. Este grave error comunicacional entre la armada y el gobierno provoco la muerte de ciento de compatriotas.
Más allá de buscar los responsables en este lamentable hecho, lo cierto es que carecemos de los dispositivos y las tecnologías necesarias para predecir y enfrentar desastres naturales tan característicos de la geografía que habitamos. Chile no cuenta con la implementación y las herramientas de alta calidad que debería tener un país sísmico. No se imparte en los colegios una educación antisísmica que permita preparar a todos los ciudadanos desde niños ante la amenaza de un terremoto. Por lo tanto no podemos decirle a la comunidad internacional que no necesitamos su ayuda sosteniendo el débil argumento de que estamos preparados cuando en realidad las imágenes que han circulado alrededor del mundo han sido elocuentes respecto a nuestra manera de sobrellevar la catástrofe. Puede que exista el dinero suficiente en las arcas fiscales para iniciar un plan de reconstrucción nacional como lo ha afirmado en reiteradas veces el ministro de hacienda Andrés Velasco, pero, ¿No estaremos centrándonos más en la cura que en la prevención?
Desde mi óptica el camino de la prevención tiene que ver con invertir una parte de los recursos del superávit fiscal en una investigación científica de alta calidad en nuestros suelos; preparar en el extranjero a través de un sistema de becas a expertos en Ciencias de la tierra que logren tener un diálogo constante con la comunidad científica mundial;
Adquirir aparatos y equipos de un alto nivel tecnológico que permitan ponernos a la altura de nuestra realidad sísmica.
Si queremos proyectar una imagen país ante el mundo como una nación desarrollada y emergente es fundamental que el actual y por sobre todo el futuro gobierno se replanteen el 0.7% del P.I.B ( Producto Interno Bruto) que chile invierte en
Investigación científica, teniendo en cuenta que una de las principales variables a través de las cuales se mide el grado de desarrollo de un país hoy en día es la cantidad de recursos que éste invierte en Ciencias. De este modo estaremos sirviéndonos de uno de los principales beneficios que nos puede brindar el conocimiento científico: salvar vidas humanas. Estaremos apuntando más a la prevención que a la cura.